jueves, 28 de noviembre de 2013

El regreso del Hada Urbana...



Toc toc… hola… ¿hay alguien ahí?... este… cuánto tiempo ¿no? Y mira que he tratado infinidad de veces de volver, pero… de repente me da la impresión que escribiendo se me va a ir el hilo, voy a salar las cosas o que me voy a extender demasiado, o que igual y ya escribiendo me va a resultar todo demasiado absurdo… pero creo que ha sido una deuda pendiente… siempre me quejaba de que parecía que eras meramente un deshollinador para verter la mierda… y pues creo que después de mucho tiempo, es hora de compensar un poco tanta hiel y tornarlo en un poco de… ¿miel quizá?

         Qué más da en lo último que te hayas quedado… no quiero ni pensarlo ni recordarlo… solo sería volver al círculo que parecía eterno en aquellas épocas… y finalmente vuelvo como quien vuelve a ver a un amigo querido al que no ha visto en muchos años… y así entonces os hablaré…
         
           ¿Sabes? Ya no vivo ahora en la nana árida, ahora vivo al sur… mucho más al sur… en un pueblito con el que sentía que tenía una deuda desde el 98, desde aquella gira de teatro con Luba en la que recorrimos toda la orilla del golfo presentando “El banquete”, hasta acabar con la última presentación, aquí en San Cristóbal de Las Casas, y a la mañana siguiente ir al primer aniversario de la masacre de Acteal… ¿te acuerdas?
         
              Desde entonces sentía que tenía que volver, pero ya sabes cómo ha sido la vida y sus espirales, ya ni me acordaba de eso… te acuerdas que hasta volví al D.F., anduve en Tailandia, regresé a la nana árida y ahí estuve estancada 10 años, haciendo cosas chidas, pero siempre tratando de huir… ¿recuerdas que intenté irme dos veces a España y de lo frustrante que fue el no poder irme? Y también te acuerdas que después del último intento decidí quedarme allá, que si la ciudad no me dejaba ir era por algo y se empezaron a dar cosas bien chidas en muchos aspectos, pero también bien ojetes en otros… pero bueno, eso ya lo sabes de sobra y no es lo que ahora quiero contarte.
     
           ¿Recuerdas que después de renunciar me puse a trabajar en mis propios proyectos y colectivos y que de repente namas por sacarme la espinita empecé a tramitar una maestría? Que incluso en la época en la que vine a presentar el examen y la entrevista estaba de la chingada la cosa… ay cada vez regreso a eso ja… y aun así cuando vi la página en la que decía que me habían aceptado casi la cierro y rechazo la maestría… Es como si de plano no hubiera querido salir de la mierda ¿no? O bueno, es que había cosas muy chidas que se estaban dando, y las que no, pues era como si me hubiera resignado a que así era el pedo… como diría la Pacheco, en un mood de “aquí nos tocó vivir”…. Y ahora pienso en eso y lo veo tan lejano, incluso a mí, me veo tan lejana…

            Admito que los primeros meses después de haber salido de allá si fue un caos, un rollo muy catártico, muy de bajón… sobre todo cuando al primer lugar al que me mandaron había sido Campeche… Clavada en el mood de que nunca encontraría mi lugar, en la duda de saber si había sido lo mejor el dejar todo, mandar todo a la chingada y empezar de cero… drama queen como siempre ¿verdad? Es más, todavía llegando aquí venía arrastrando lastres que pensé que nunca podría dejar de cargar, como si estuviera encadenada a ellos aunque ya no quisiera… me resulta tan sorprendente y extraño ahora el haberme aferrado tanto a esos lastres…

               Los primeros dos meses aquí fueron yo creo el principio del fin de esa época… esos dos primeros meses prácticamente no salía, me la pasaba encerrada, de la escuela al cuartito y en círculos, acaso las idas al mercado me sacaban del encierro, de vez en cuando salía a tomar un café y hacer tarea, pero también estaba tratando de mantener mi anonimato el mayor tiempo posible en un lugar así… y curiosamente en ese tiempo también me clavé, en cuestiones emocionales, en el mood de la soledad perpetua… sentía que me iba cerrando y poniéndome un caparazón cada vez más rígido e impenetrable… y sentía que más que por que me hicieran daño, porque en realidad sentía que ya nadie ni nada podía hacerme nada porque no sentía nada… era más bien por evitarme la hueva de hacerle daño a alguien sin querer… y pues sentía que inevitablemente siempre tenían que acabar así las cosas… insisto… drama queen… arrastrando patrones, actitudes, pensamientos e ideas de experiencias recién vividas ¿verdad?

          También con el rollo de la academia, si, es una vasca el sistema de investigadores, pero como siempre, tengo suerte de encontrarme en el camino con las excepciones…. Y esas excepciones son las que me han ido ayudando a hacer un nuevo camino, y no solo en cuestiones académicas, sino también en cuestiones personales…

            Saliendo del encierro autoimpuesto, acá me reencontré con un compa de la madre urbe y me le pegué de voluntaria para un evento que estaban organizando de medios libres. En esos dos meses me salí con autorización de la escuela, por eso pude recuperar esa parte que tanto me hacía falta… y de ahí pal real, las cosas han estado fluyendo muy a su tiempo, en muchos sentidos… al regresar a clases, las dos materias que tuve también fueron un estímulo para otras cosas, tanto académicas como personales…
Es como si todo el rompecabezas se estuviera acomodando para darme cachetadas y acomodarme en lugares,  situaciones y estados de transformación muy fuertes…

              No sé ni por dónde empezar con eso de la transformación… pero mmm sería bueno empezar por mi bunker… mi primer morada aquí fue un cuartititito con baño incluido compartiendo casa con una pareja de chilangos, una pareja de españoles, un argentino y un regio… así, como chiste… un mal chiste… para el estado en el que estaba y para las situaciones que se generaban dentro, sinceramente fue horrible… y colaboró mucho para catarsis y el enclaustramiento.

           Luego, me mudé a un departamento pequeñito, acogedor, pero encerrado, sin ventilación, que si bien agradezco el paso por ahí… lo mejor fue el momento de la última mudanza… un día me desperté deseando mudarme a un lugar con ventana a la calle… y al salir ese día, los vecinos del depa de enfrente, que tiene dos ventanales a la calle, se estaban mudando… y heme ahí, mudándome en dos días y terminando de instalarme y sentir que por fin había encontrado mi nuevo bunker…

          Ese es un ligero ejemplo del cúmulo de momentos mágicos y transformadores que me han ido pasando en los últimos meses…

              Hay cambios curiosos y sencillos… cambié el café por el mate, los jeans por las mallas y las faldas, mi cabello rizado por mi real cabello lacio, tengo por fin un piercing en el labio, tengo por lo general dos trencitas delgadas de colores en mi cabello, cambié los camel, por los pallmoll y luego por los Jaisalmer y estoy aprendiendo a liar tabaco pero aún no lo logro, cambié el vino para consagrar por el tinto merlot, de cerveza indio a negra modelo o montejo, del Café iguanas a El Paliacate… hasta de cuenta de twitter cambié… ja
           
              Híjole… ¿cómo le sigo con lo más profundo?

          De fuera hacia adentro pues… yo, la que nunca podía tener amigas, ahora una de mis mejores amigas, es mujer, una española amorosisima y luchona, que literalmente me abrió los brazos desde que me la presentaron, y ella, me ha ayudado mucho a abrirme en ese sentido, me ha devuelto la capacidad de demostrar cariño, de abrazar y dejarme abrazar, ahora sí que de querer y dejarme querer jajaja… ella es mi hermana

           También tengo un hermano, un chilango medio huraño, sabiondo, curioso, en procesos, al parecer una leyenda pa no sé quiénes, pero es un también alguien que me sigue la fiesta, me hace reír, me hace pensar, nos damos cuerda y es bien solidario y un sobreviviente… él es mi hermano

             Hay varios compas, que también siento ya como parte de mi familia, que son solidarios, cariñosos, luchones, guerreros, con formación política, con procesos muy ricos, como humanos, muy valiosos… que día a día me enseñan algo, me espejean, a veces sin darse cuenta me detonan cosas que me hacen seguir en este proceso de transformación… incluso gente de la academia… cuatro profesores, que prefiero llamarlos colegas, o amigos, me han hecho también redescubrir y re explorar cosas de mí, curiosamente más en cosas que creí divorciadas de la academia, como las artes (teatro, pintura, foto, escritura)… especialmente la última materia también fue curiosamente un detonante, el rollo de la acción social y la educación vista desde una perspectiva de transformación que requiere que se lleve a cabo primero desde dentro fue muy intenso… ejercicios sensoriales, meditación… al punto del rompimiento físico y emocional… casi casi como aquella experiencia con Homero Villarreal en la escuelita de teatro… Ahora sí que me rompió las resistencias emocionales que me quedaban jajaja y como el compromiso era solo conmigo… flui y me dejé llevar… y eso detonó más cosas por fuera y por dentro…

           He estado haciendo cosas para medios libres… quién diría que el periodismo acabaría volviendo a mi sendero…

             El rodearme de gente que tiene más que enseñarme que yo a ellos también es muy rico, pero ello no descarta el hecho de saber que soy capaz de aportarle algo o mucho a la gente… todo lo que soy que ya es bastante…

            Es muy curioso lo que me pasa cuando camino por las calles de mi nuevo lugar… a veces siento que hasta voy dando saltitos, me sorprende todo, lo observo todo, lo siento todo, por momentos siento que voy a volar…

            Me divierto, me rio, quiero, me dejo querer… eso es solo por fuera…

           Llevo por dentro un constante proceso de observación, no solo racional, sino emocional, de escucha, de auto análisis, de ver que hago y que todavía tengo que cambiar, que patrones ya no quiero repetir y no he descubierto, qué pensamientos tengo que tornar, qué digo, que pienso, que siento que no me gusta, preguntarme porqué y no solo analizarlo con la cabeza, sino con todo el cuerpo, mis sentidos, mis emociones… me permito sentir…  y eso es de lo que más agradezco… sinceramente creí que no volvería a sentir y sentirme…

           Estoy al pendiente del rollo de las relaciones liberadoras u opresoras…. De no caer en eso, que en la mayoría de los casos ni cuenta nos damos… de no pelearme conmigo misma, no auto boicotearme, no desprestigiarme, no castigarme, porque si no tengo una relación liberadora conmigo, no podré aplicar lo mismo hacia el exterior…

         Ya sabes qué quejumbrosa soy con las frases trilladas, pero el rollo de la transformación desde dentro la neta, hasta que no la sientes, no te la dice la persona indicada, en el momento indicado de tu vida suena a slogan para marca de empresa transnacional…

      Sigo quejándome de un chingo de cosas, pero ya no de la gente cercana, sino de enfocar esa indignación, esa rabia, esa queja y ese coraje hacia donde debe y usarlo como generador de fuerza para luchar, con una visión de utopía y esperanza de Bloch (eso si fue muy académico)…

           No me quiero juzgar con respecto a que de repente puedo sonar muy ñoña… sinceramente, creo que después de tanto tiempo en el fango, de tanta mierda, de tanto caos, de tantas cosas tan ojetas… me lo merezco y me lo puedo permitir… sentirme bien, ligera, feliz, tranquila, fuerte, querida, amorosa, yo, muy yo, muy otra yo que pensé que había muerto… es más… se me hace que nunca en mi vida había sido así… así que siento que no es que haya vuelto o renacido… sino que en realidad estoy volviéndome alguien diferente, alguien que nunca había sido, y me estoy conociendo…

            Me estoy permitiendo sentir cosas por alguien, aun en medio de la duda, de la expectativa, del no saber, de la incógnita, la incertidumbre, de no tener el control… y pase lo que pase… el volver a sentir esto… dejo fluir, así namas lo que yo siento… es algo que agradezco, aun cuando nunca se entere… aunque no pase nunca nada y sigamos siendo tan amigos como hasta ahora o más… y simplemente estemos esperando el amanecer platicando…

              Qué fuerte… no puedo creer que haya escrito todo esto… y lo que falta… por cierto… hoy son las 00:19 hrs del 21 de noviembre del 2013… estoy en exilio académico por 3 semanas en villa horrible, siendo comida por los moscos y en una casa con 15 personas más… una prueba de fuego… pero después de todo lo pasado… qué más da… mi reto ahora es ver si puedo aprender a manejar mi insomnio sin artificios cotidianos, manejar mi calidad de pensamiento para no generar pensamientos nefastos contra la gente y tampoco cayendo en la hipocresía, sino siendo muy honesta… y ahorita, en este preciso momento, estoy aplicando la prueba de resistencia contra los moscos…


25/noviembre/2013

              A una semana del rapto académico y aun sobrevivo y en buen estado, en buen humor hasta eso. Aun no encuentro una dinámica base e igual y está bien, acaso la base es que normalmente me la paso sola o no con mucha gente y hay personas con las que no interactúo mucho.

               Me preocupan los moscos, más allá de las bromas, si me han dañado mucho la piel ja… de todo el cuerpo, pero se nota principalmente en la cara… creo que ni la varicela me afectó tanto ja…
Tengo el horario de sueño sumamente trastornado, pero sigo trabajando en ello, aunque admito que tengo que forzarlo, porque si no, me desubico. Van dos días que me resisto a levantarme y van dos noches seguidas que no puedo dormir antes de las 5 a.m.

                  El tener que ir hasta la ciudad y al súper para cargarme de provisiones también resulta molesto.
             El domingo pasado estuve desde que me desperté hasta las 2 am en la sala de estudiantes… clavada con el dichoso protocolo… ese tipo de cosas de repente me confunden, confundo espacios y ritmos… la volubilidad de la red también me desconcentra jajaj

                 El sábado en la noche oí balazos y me emputé… me sigue emputando oír balazos, no lo tolero… y me gusta que me empute y que no lo tolere ni me resulte insignificante ni normal…

                  Hay muchos momentos en los cuales me aburro y no sé qué hacer ja…

                Los chismes relacionados con el objeto de mi afecto me han alcanzado hasta acá… interpreto que son señales que no puedo ignorar y tengo que actuar conforme a ello hacia mí y hacia aquel…

                Bueno, esa fue la bienvenida negativa… pero es todo lo que me permito y me permitiré, porque en realidad no estoy tomándolo tan mal, el sábado pasado me di un día de total relax sin hacer nada de nada relacionado con la escuela… me desperté tarde, partí un coco al que ya le había echado el ojo. Desayuné juguito de coco y coco con chile y limón… que delicia, musiquita, cervecita… hasta me puse a diseñar imágenes para hacer esténciles a mi regreso, aprovechando que el viernes fui a conseguir pinturas textiles…
Siento que me falta mucho darme tiempo para simplemente sentir y pensar. Y no es que le esté sacando la vuelta ni nada por el estilo, sino que de repente todo se me hace un sueño extraño de nuevo y lo siento y me descubro en él…

             Me he descubierto intolerante con el ejercicio de poder que buscan establecer algunos académicos, y no lo permito, no me lo compro y no lo acepto. Espero que ello no me ocasione problemas, sinceramente, eso me ha agradado, la única que puede ponerme en duda es la gente cercana a mi proyecto y no me interesa la opinión de ciertas personas que caen en ese tipo de juegos absurdos y molestos. Y aquellos que sigan con paradigmas absurdos y perdiendo el tiempo en discusiones e inseguridades estériles no tienen cabida para mis oídos.

           También me he estado dando tiempo por momentos de disfrutar a distancia el efecto que ha logrado mi nueva vida en mí, de extrañar con gusto a mi nueva familia, de añorar mi casa, de verme a la distancia allá, como si no me hubiera ido.

            Puede ser un tanto contradictorio el no estar aplicando el principio del aquí y el ahora… pero no me aferro a este aquí  y este ahora… pero debería de aplicar el ejercicio, aunque estoy consciente de que estoy viviendo esta experiencia de tal manera que no pase desapercibida, saber que es algo nuevo, que nunca he vivido y que probablemente (y espero que así sea) no volveré a vivir… pero ello me puede preparar para ciertas experiencias cercanas a futuro.

             Creo que me siento más templada, menos caótica, más en paz… precisamente el sábado pasado me abstuve de mantener una discusión sin sentido sobre luchas indígenas y de pueblos organizados con un compañero de clase/casa… por un momento estuve a punto de dejar de hacer lo que estaba haciendo, meterme a la casa y ponerme a discutir con el susodicho… pero respiré hondo, me contuve y me puse a pensar en que en realidad no tenía sentido y que sería más un ejercicio conflictivo y sin ningún resultado provechoso…

             Mi cordial y honesta relación con los compañeros de casa también me ha mantenido ajena a los conflictos que se han estado gestando. Digo honesta porque en realidad hay gente con la que no soporto estar, y no es que me haya cerrado, pero tengo que ser muy honesta conmigo con respecto a que no tengo que demostrarle nada a nadie y que no fungiré simpatía por nadie que no me la despierte en realidad, sería una falta de respeto para mí  y para la otra persona. Generar expectativas que no me interesa generar y podría hasta producir situaciones que me lleven a tener conflicto conmigo misma.

               Por cierto, con respecto a eso, a no permitir que nadie me haga tener una mala relación conmigo, es también un paso muy grande. El núcleo de ello radica en no permitirme sentir por nadie nada que me haga reprocharme el permitírmelo; el no permitir que nadie me haga tener pensamientos, actitudes, sentimiento o comportamientos que me hagan repetir patrones que no quiero ya en mi vida.

             Me llevo muy bien conmigo misma ahora, me acepto, me quiero, me respeto, me admiro, me amo… y no pienso permitir que nadie rompa con esa relación que me ha costado tanto tiempo tener… creo que hace mucho o nunca había tenido tan buena relación conmigo misma y esa relación es la que primordialmente defenderé a capa y espada… y ante todo, trataré de generar relaciones pacíficas y abrir o cerrar procesos en total paz, y abogaré por ello, pero si en el proceso la otra persona cae en patrones o actitudes nefastas, agradeceré y daré la media vuelta…

             Ni a mí misma me permitiré hacer nada que afecte esa relación… esa relación basada en la honestidad, porque tampoco se trata de ignorar, sino más bien de procesar, sentir, oír, indagar en el origen de ciertos pensamientos o sentimientos… y mira que me pongo a prueba muy seguido…

             El dar gracias constantemente es algo que también he estado haciendo muy seguido, y estar consciente de que no se me olvide y no dejarlo pasar…

                  Sé que me falta trabajar ciertas cosas, como el dejar que cierta gente me dé algo (ayuda, apoyo, cariño o lo que sea), pero admito también que hay gente con la que ni lo pienso y me nace cada vez más… creo que tiene que ver con la confianza…

                  Ese es otro punto, que debo de admitir, me sorprende mucho de mí en este momento… de hace algunos pocos meses haber llegado al punto de no confiar absolutamente en nadie, ahorita creo que he vuelto a la etapa previa al caos y he vuelto a permitirme el confiar en la gente, en la mayoría no en toda, en eso le hago mucho caso a mis corazonadas. Pero ya no ando al pendiente, ni con la predisposición de que todo el mundo me va a hacer una chingadera y por ello mejor me retraigo y me cierro… al contrario, ni lo pienso la neta…

                  El no sentir más tristeza, auto compasión ni nada similar por que no me pasan cosas que a otro si y que quisiera que me pasara a mí, también es algo que ha desaparecido, al contrario, me descubro sonriendo cuando me entero de algo así… que absurdo y sin razón era lo otro jajaja

                Todo ello me ha dado una ligereza, una tranquilidad, una paz y una emoción muy única y nueva… y creo que aquella palabra mágica, “fluye” tiene mucho que ver…

             Cuando surgen o aparecen situaciones adversas cotidianas, ya no me la tomo personal sinceramente y de repente incluso cuando recuerdo que ciertas situaciones, no hace mucho tiempo me hubieran hecho estallar y caer en lamentaciones, me da risa, inevitablemente me provoca una sonrisa de satisfacción… no me lo reprocho en lo más mínimo, sino que sé que por algo tuve que pasar por muchas cosas y por muchos estados… y a estas alturas pienso… si el proceso me trajo aquí, a este momento… lo agradezco y lo acepto…

               Siendo honesta, por momentos aparece el miedo, de recaer, de que algo pase que me haga dejar de sentirme como me siento… por eso estoy tan al pendiente y hablo tanto conmigo… me escucho, me siento, me observo… y no es una sensación de estar en la cuerda floja como en otras ocasiones, es como estar en el suelo firme o en pleno vuelo, solo que con la sensación de recordar vuelos o pasos previos….

                 Por ejemplo, el volver a la nana árida me da miedo, como si sintiera que volver allá es volver a lo que me llevo a ser lo que no quería ser… por ello lo postergué y lo reduje a la menor cantidad de días posibles, de hecho también tiene que ver que cuando saqué los boletos aun iba varios pasos atrás… y ahora me causa expectativa, una prueba más… y estoy segura de que la superaré… solo espero que la gente que vea me trate de hacer volver a lo que no me interesa, que me trate de meter en el personaje y la idea de mi con la que se quedaron… porque será una prueba aún más fuerte…

               Que loco… el simple hecho de escribir lo que estoy escribiendo me hace sentir una emoción muy rica…

Fluye, esperanza, volver a creer…

                 También estoy consciente de que tengo que seguir trabajando la paciencia, así como el soltar el control, manejar la frustración y la expectativa o incertidumbre… ello no implica que no haya avanzado en todo ello, sino que son elementos en los que estoy en proceso y lo sé y siento pasos avanzados a diario, puedo identificar precisamente los momentos en los cuales experimento ese proceso y me acepto en él y no como algo ya terminado… y sé que nunca terminaré y me gusta saberlo…

                 Hace poco pensaba… no es que esté volviendo a ser un hada, más bien es que no lo había dejado de ser, pero no habían terminado de regenerarse mis alas y estaba en una especie de capullo o pupa…

                  Estoy en una etapa de enamoramiento de mi nueva vida… si en ese momento como cuando empiezas a andar con alguien… con la diferencia de que no estoy ciega a la realidad de las cosas, o sea que es más chido aun… así como en una relación ideal…

                     Si, por eso puede sonar muy ñoño… muy cursi de repente, quizá hasta fácilmente optimista… en realidad me vale… jajaja y permitirme todo ello es por fin algo que me da para arriba…


                     Bueno, creo que ya es suficiente de hablar de mí, aunque no es lo último… quiero escribir más sobre otras cosas… como me han estado orillando y sugiriendo varias personas…

jueves, 31 de octubre de 2013

Recorriendo el laberíntico espacio ecosureño


Entrar a cualquier lado por primera vez, siempre resulta una experiencia compleja, llena de emociones encontradas, dudas, curiosidades, sorpresas, juicios, prejuicios, memorias corporales, evocación de tiempos pasados y situaciones similares. Cuando uno entra a un espacio recurrentemente, este tipo de primeras impresiones van cambiando, sin embargo, nunca es igual cada vez que ingresamos aunque lo volvamos una experiencia cotidiana y dejemos de reparar en lo que en una primera ocasión nos generó sorpresa. Por ello, el cambiar de punto de vista, adoptar un personaje diferente en la relación con el escenario, es como el ejercicio teatral. El actor siempre debe de entrar al escenario como si nunca hubiera estado ahí en esa precisa situación, el aquí y el ahora que tanto mencionaba  Stanislavski, basándose en preguntas como ¿Qué veo? ¿Cómo estoy? ¿Qué quiero? ¿Qué siento? ¿Cómo me encuentro? Y ello, aplica al entrar en ECOSUR como si fuera la primera vez, o como una nueva oportunidad de experimentar una primera vez.


No podría negar el que actualmente formo parte de esta “comunidad académica” y que es el escenario en el que me he estado desarrollando los últimos días, no podría dejar ajena la parte que se sabe parte de, por lo que el distanciamiento total resulta una opción estéril e innecesaria.
            
          Abro los ojos tras colocarme ese personaje, avanzo unos pasos más y un letrero de “bienvenido” aparece contradiciendo la presencia de guardias de seguridad que si no fuera por la cotidianeidad antes mencionada, me haría pasar por un proceso de registro e identificación y etiquetado antes de realmente poder entrar, lo cual se llevaría a cabo en un estrecho pasillo enrejado, diferente a si llegara en automóvil ya que para ello si hay alrededor de 4 metros disponibles y el proceso podría llevarse a cabo desde la comodidad de mi vehículo. ¿Acaso es la primera señal de aplicación de disciplina Foucaultiana?

            A tropezones, considerando la irregularidad de las piedras del camino, llego hacia el decolorado y mal diseñando mapa de ubicación y descripción de las instalaciones. Entrecerrando los ojos como intentando ver más allá o enfocar los espacios, se visualiza un extraño espiral cuadrado, por lo cual, siguiendo la imagen propuesta por la distorsión de mi vista, mi camino se dibuja como un camino en espiral delimitado por enrejado de alambre que busca esconderse entre troncos de pinos.

A los pocos metros, una barrera interna de arbustos altos, marcan una división que va deformando mi espiral. Camino hasta un espacio de entrada entre una pared de arbustos y una de tubos de PVC y descubro 7 invernaderos. Me acerco al primero, está abierto, pero una barrera invisible no me deja entrar, cual “Ángel exterminador” de Buñuel. Alcanzo a ver desde la entrada una especie de ejército de árboles, formados por tipos, amontonados en grupos cuadrados, después descubriría que en la mayoría de los invernaderos, a excepción de uno con maderos colgantes con bulbos de orquídeas, los árboles estarían agrupados así, por batallones.  Desde que nos enseñan a agrupar todo a los pocos años de nacidos, no podemos dejar de arrastrar ese patrón el resto de nuestras vidas. Tal vez diría Vigotsky que llegamos a Conceptos verdaderos.

A punto estuve de ingresar al primer invernadero para ver más de cerca ese batallón, cuando un señor a mis espaldas apareció con cara de ¿qué haces aquí? Mientras que articulaba un “¿te puedo ayudar en algo?” a lo que contesté que sólo estaba viendo, sonreí y di unos cuantos pasos hacia afuera. La mayoría de los invernaderos se encontraban abiertos, pero en todos, la sensación de impenetrabilidad, cual fuerza invisible dominaba ¿es el espacio en sí? ¿Es una preconcepción cultural personal? ¿Es la experiencia previa de sentirme sorprendida haciendo algo que al parecer no debería de estar haciendo? O ¿la territorialidad es algo tan perceptible inconscientemente?

Solo uno en uno de los invernaderos la curiosidad de entrar me llevó a superar la invisible pared. La invitación me llegó al ser guiada por una voz en tsotsil que empecé a escuchar desde dentro, pero al llegar descubrí que provienen de un viejo radio portátil. Me dirijo hacia la entrada con la esperanza de encontrar al oyente, pero no había tal. Sin embargo, una chamarra y la radio encendida, indican que no está lejos. Y con la sensación de estar haciendo una travesura o ingresando en un territorio prohibido con altas posibilidades de ser descubierta, entré. Era más amplio, profundo, cálido, olía a pino, repetía el patrón de orden de los arbolitos visto previamente, ambientado por la radio tsotsil, que me recordó que aún hay muchas clases que tomar y mucho que practicar para lograr entender la lengua totalmente. Salí sin ser descubierta y sin lograr la interacción con el guardián de aquel batallón arbolado, pero superando esa barrera invisible que me llenó de dudas.

Retomé el camino por el que había llegado a los invernaderos impenetrables. Llegando desde ahí, el patio central se impone de manera diferente. Haciendo memoria, solo el día de la “elotiza” he visto mejor y más aprovechado dicho espacio por la comunidad educativa. ¿Con qué finalidad fue diseñada o conservada esa área? ¿Por qué no la aprovechamos más? ¿Por qué en un ambiente de investigación y aprendizaje, un espacio tan amplio y abierto no parece tener utilidad alguna más que mera apreciación paisajística? ¿En realidad ha servido por lo menos para una apreciación estética o ni de eso tenemos o nos damos el tiempo los investigadores y estudiantes?

Paso de largo el edificio administrativo y al llegar al fondo de la unidad y virar a la izquierda del último edificio, soy sorprendida por la presencia de una guardia a la que solo atino en sonreír para no evidenciar mi sorpresa, a lo cual no obtuve respuesta. ¿Cuál es su función ahí? ¿Estaba cuidando que nadie se saltara la barda desde la parte de atrás? ¿Había algo por ahí que resguardar?

Con esas dudas llego hasta el edificio E e ingreso a la biblioteca. Mi bienvenida la dan un par de sensores superiores a mi estatura, no había humanos hasta que, de reojo alcancé a ver gente en la “jefatura” y en la sala de lectura ubicada a la derecha. Recorrí cada uno de los pasillos enmarcados por estantes metálicos. No me sorprende el silencio, creo que ha sido mi compañero en el recorrido, a excepción de la radio del invernadero. Me resultó interesante la distribución y contenidos de la biblioteca, a grandes rasgos resumida en: la mayoría de las revistas son en inglés y sobre ciencias de carácter natural por decirlo de alguna manera, de hecho, la bienvenida la dan las publicaciones en inglés del “Américan Journal of epidemiology” hay muy pocas sobre antropología, sociología, artes o ciencias sociales en sí; pese a que en el acervo cultural hay más libros sobre ciencias sociales, las artes prácticamente no están presentes y sigue dominando las ciencias naturales. Salgo de ahí, con la tarea de en otra ocasión darme tiempo de explorarla más a profundidad, por ejemplo descubrir a dónde llevan las escaleras internas.

Continúo hacia el edificio E de conservación de la biodiversidad. Ahí fue donde descubrí metafórica y literalmente la dinámica social del ser investigador. Ahí se puede evocar la imagen del luminati, ahí parecen habitar los seres místicos llamados profesores que parece dibujar Bordieu. Entrar en dicho edificio da una dominante sensación de entrar a donde no hemos sido invitados, nadie quiere ser visto, ni para ser nombrados, porque la oscuridad de los pasillos a veces impide el poder leer el nombre del habitante de cada cubículo. A lo largo de este laberíntico edificio la interacción humana parece ser la regla, no se oyen voces, las puertas están cerradas,  los cubículos son individuales, no hay manera de ver hacia adentro de los mismos por la ausencia de ventanas hacia el interior o porque estas están muy altas; hasta el maestro Xolo se ve tan solo en el altar de muertos que da la impresión de estar abandonado por la ausencia de elementos distribuidos en los dos pisos. A lo lejos alcanzo a oír voces, me dejo guiar por ellas y nuevamente me topo con una puerta cerrada, solo atino a suponer que la pasan bien porque hasta risas alcanzo a escuchar. Llego a unas escaleras y subo, nuevamente el escenario es el mismo, pero alcanzo a ver una puerta abierta, me acerco y es la oficina del asistente de coordinación en cuya puerta hay un letrero que dice “sonríe te estamos observando por nuestras cámaras escondidas”, ¿nuevamente la vigilancia jerárquica que nombró Foucault? Prefiero seguir explorando con la esperanza de que algo cambie. Descubro una puerta que me lleva a una terraza con buena vista, amueblada solo con un par de sillas y una mesa de jardín, como era de esperarse, está vacía. Aburrida del silencio, la individualidad, la oscuridad, las puertas cerradas y las paredes limitantes de espacios, salgo del edificio como si saliera de un calabozo de hechiceros. Ahí encuentro una especie de fuente o estanque, que al parecer está abandonado y aparece nuevamente la pregunta que surgió sobre el jardín central ¿esta fuente está aquí por mera estética? ¿Alguien aprovechará este elemento decorativo? ¿Alguien repara cotidianamente en él? Admito que el salir de aquel edificio me provocó un poco de encandilamiento y un impulso espontáneo de respirar profundamente. ¿La socialización entre investigadores genera distracción para el ejercicio de investigar? ¿por qué se ocultan y aíslan unos de otros? ¿De qué tienen miedo o qué ocultan? ¿Obligatoriamente el investigar es un ejercicio individual? ¿Cuál es la repercusión de ser visto en el espacio de personal?  ¿Cómo le harán los investigadores claustrofóbicos? O ¿es una condición prohibida actualmente para los investigadores? ¿Cuáles son las repercusiones psicológicas de dicho aislamiento? Si tomamos como referencia extrema el impacto físico y psicológico que produce en los reos el aislamiento, ¿qué de ello se podría visualizar en menor escala entre los investigadores de un centro de investigación como ECOSUR?

Retomo el espiral y me encuentro con el edificio mayormente ocupado por la cafetería, la cual, debido al horario aún se encuentra sola. No puedo dejar de observar que es uno de los pocos espacios utilizados para socializar, las ventanas si son abundantes y cuenta con espacios al aire libre para comer.
Intento ingresar por la parte posterior del edificio G pero un letrero de “Prohibido el paso a personas ajenas a esta sección” me lo impide. ¿Quién es ajeno y quien es propio a dicha sección? La falta de señalamientos no me hace saber si soy propia o ajena, aunque sé que es una zona de laboratorios ¿es un espacio al que el resto de los que a lo largo de nuestra formación como maestros no seremos invitados, principalmente los que no aplicamos experimentos en laboratorios?

El tiempo designado de una hora se agota, así que opto por dirigirme directamente al edificio A, dejando para el último el edificio de posgrado que suelo frecuentar más.

           Como era de esperarse, en el interior del edificio A también dominan las puertas cerradas, pero hay un par de excepciones y se oyen más voces, por lo que no domina el silencio. Los cubículos que tienen ventanas al interior del pasillo están tapadas con cortinas o incluso con cartulinas, aunque hay que reconocer que es un espacio bipolar, porque al exterior dichas oficinas tienen ventanas mucho más grandes, algunas de las cuales, solo algunas, dejan ver hacia adentro al investigador en cuestión que sacrifica su privacidad por tener un poco de luz natural, aunque ello a la vista de los paseantes, no pueda dejar de recordarnos algún zoológico de jaulas de vidrio al cual solo le falta el letrero de “favor de no alimentar al investigador” o “favor de no golpear el cristal, para no asustar o perturbar al investigador”.

Camino al edificio de posgrado, me reencuentro con el estanque y saludo a los peses anaranjados que suelen estar ahí, el agua cada vez está más sucia. Ingreso al edificio y curiosamente los salones están abiertos, pero vacíos, pero no puedo evitar hacer memoria y recordar que la mayoría de las veces las aulas se cierran tras ingresar el profesor, como en cualquier sistema educativo en el que hayamos estado. ¿Acaso nos entrenarán gradualmente para repetir el patrón del resto de los espacios de investigación? Porque, si bien es cierto que en las aulas hay una mayor interacción social, la fragmentación entre espacios de aprendizaje si se va marcando. Hay que recordar que existen aulas en las que la poca inscripción de alumnos al curso provocan que se este se lleve a cabo en espacios muy reducidos.

Un momento de silencio y, aparte del cúmulo de preguntas que me han surgido en el camino, surgen un una pregunta más, ¿Cuál ha sido mi papel y desarrollo desde que llegué aquí? Y, por otro lado, una última reflexión, ECOSUR per se es una comunidad educativa y centro de investigación complejo que podría ser fuente de investigaciones desde diversas áreas como el arte, la administración, la psicología, la biología, la agronomía, la sociología, la pedagogía, la antropología, las comunicaciones, entre otras, y así mismo, meramente con libreta en mano y con varias interacciones en el camino.


El tiempo había terminado ¿cómo negar que fue impuesto como una regla del juego?, había que regresar al salón. Todo el equipo de estudiantes, libreta en mano, ingresa, los profesores también y por último, se cierra una puerta más, la de nuestra aula.  

jueves, 10 de octubre de 2013

Recorriendo mi nuevo entorno....




















 Reserva ecológica del Cerro del Huitepec


El cerro del Huitepec, en presencia, es un arcoíris de posibilidades y realidades, que incluyen  una amplia gama de casos y muestras de lo que es la interacción del hombre con la naturaleza, así como incluso una gama de dinámicas sociales. Podríamos decir que el recorre dicho cerro, podía darnos una muestra de la diversidad biológica, cultural y social que representa nuestro país.
El primer recorrido hacia el Huitepec, empezó a darnos señales desde antes de llegar. A lo largo del camino, se podían observar contrastes sociales marcados, casas grandes, en grandes terrenos, con mucha infraestructura, junto a tejabanes pequeños con patios usados para la cría de aves de corral e incluso pequeñas milpas.


Al descender del vehículo, empezó la otra experiencia sensorial. El olor a tierra mojada se fue mezclando con una gama de olores diversos, humedad, vegetación, variedades de hojas regalaban su aroma con una pequeña caricia que se les diera. También la sinfonía auditiva fue parte de, predominaba el sonido del río y de las gotas de los árboles golpeando las hojas de los árboles, o incluso nuestra propia piel, pero en la composición también se agregaron diversos cantos de aves, así como el sonido de sus alas al trasladarse de un lugar a otro. Y la vista, esa que siembre nos hace olvidar a los otros sentidos, esa a la que damos prioridad, también se dejó invadir por la exuberancia del entorno, por la sensación de empequeñecer ante la presencia de árboles tan inmensos, por la contemplación de una variedad de hongos que recibían a la lluvia gustosos y de flores de frijol y otras de azul intenso. 

El sentido del gusto tuvo que ser contenido, mi ignorancia personal me impidió el poder experimentar sabores, pero ya habrá tiempo de conocer un poco más a los habitantes de este bosque.


La presencia humana no estuvo ausente en este paisaje dinámico, primero, unos ojos inmensos dibujados en un retablo de madera, nos recordaba que los guardianes de esa reserva comunitaria eran los zapatistas, lo cual poco después se reiteró con la aparición de una pequeña capilla construida en 1937 y en cuyas escaleras un letrero anunciaba “Territorio EZLN”.


Sí, no hay que ser ciegos, ¿por qué habríamos de serlo? En el camino también se pudieron ver troncos cortados a machetazo limpio. Pero por qué no admitir también lo hermoso y deliciosos que se veían  los sembradíos de calabaza, con sus flores amarillo intenso que estimulaban las glándulas salivales, o qué tal las mazorcas con sus pelos alborotados y teñidos en colores violetas, o las hojas de lechuga verde-moradas. Y si, como pincelada humana, también entraron en el paisaje un par de estanques artificiales para captar agua. Y en el nacimiento de un pozo de agua, la presencia de una cruz ¿Será este uno de los sitios sagrados de los que nos han hablado? ¿Esos en los que cada 3 de mayo hay fiesta y ceremonias?


Y si, no hay que olvidar a la ranita que se escondía bajo las hierbas caídas y nuestros pies, mientras nos detuvimos a dialogar y reflexionar en torno a si debían o no existir áreas naturales sin la presencia del ser humano. Pero vamos, hay de humanos a humanos ¿no es así? Hay que partir de eso, porque no es lo mismo una comunidad campesina, indígena o no, que convive con su entorno, modificándolo si, pero provocando una sustitución de especies por otras, que deja descansar la tierra, que sabe reconocer los sitios sagrados, que tiene una valoración y cosmovisión diferente sobre la naturaleza y que se sabe parte de ella. A diferencia de representantes o trabajadores de empresas nacionales o transnacionales que arrancan de raíz lo existente, que le ven signo de pesos a la madre naturaleza, que se sienten dueños y explotadores de ella, superiores y ajenos a la misma.

Muestra de ello, la presencia de Coca Cola en el cerro del Huitepec, que extrae el agua de los manantiales para producir su pócima negra, y de otros colores variados. Y considerando que el agua es uno de los principales conflictos de los habitantes de las cercanías e interiores del cerro, muestra nuevamente de lo que se repite en diversas partes del país, y del mundo.

En la segunda visita que hicimos al Huitepec, pudimos analizar la dinámica de interrelación entre el humano y la naturaleza de otra manera, desde otro punto, tanto geográfico, como de vista.


En esta ocasión llegamos cerca de la reserva que es propiedad de Pronatura. A lo largo del camino, pudimos ir sospechando por dónde iría en esta ocasión la reflexión, ya que el camino para llegar a la cima, realmente era un paisaje completamente diferente.

A lo largo del camino al que se llega por San Felipe, existían milpas abundantes con siembra de maíz. Lo extraño fueron las montañas de cáscara de coco que se veían a la entrada de varios de los terrenos, así como el letrero de venta de terrenos dentro y fuera de la zona.


El segundo encuentro que provoca encuentro de emociones y culpabilidad, fue el descubrir en la cima del cerro la antena de Tv Azteca, dueño de muchas cosas en San Cristóbal, custodiado por un par de perros que de haber estado abierta la reja no hubiéramos salido ilesos. Lo cual es muy simbólico y metafórico. Y la culpa va, como bien lo señaló el Profesor, en el sentido de que somos usuarios de internet y celular, por lo cual, esa antena ahí, también es responsabilidad de nosotros.


Y bien, siendo más optimistas, en realidad esos límites hasta los que pudimos llegar de la reserva de Pronatura, si se podía observar lo que se considera un área natural conservada, y desde ese punto, pudimos observar el por qué se le denomina bosque de niebla, ya que vimos el transitar de varias nubes que por momentos parecía que se escurrían por los bordes de las montañas y los árboles. Sin embargo, de acuerdo con lo que nos compartió el Profesor Vázquez, dentro de esa zona no hay mucha arborescencia. Aunque personalmente la presencia de árboles tan altos y vegetación tan abundante me resulta impactante, al igual que la presencia de flores de frijol que me ahorraron unos $10 de compras en el mercado.


Y de ahí, en descenso, el recorrido adquiere otro sentido. A lo largo de las diversas paradas que hicimos, se pudieron observar los diversos mosaicos que marcan una huella diferente del ser humano. En un primer tramo, el camino estaba habitado por comunidades rurales que bajo diversos métodos de siembra producen maíz, flores, frijol, guineos, calabaza, chile, leña, aguacate, entre los que pudimos observar. Del mismo modo, la mayoría de las casas contaban  con huerto en el traspatio, que normalmente lo emplean para hierbas aromáticas, medicinales y para condimento, así como áreas aledañas a las casas destinadas a la crianza de gallinas.



Levantando la mirada, viendo hacia los cerros que nos rodeaban, no puede uno negar la sorpresa al ver la manera en que en pendientes muy inclinadas, los pobladores seguían sembrando sin que ello representara un derrumbe o pérdida de cosecha. Podríamos sospechar que la presencia de cierto tipo de árboles ayuda a ello y no creo que ello sea algo al azar.


Este primer tramo es una muestra del manejo tradicional que hacen las comunidades campesinas de nuestro país, y esta zona, se encuentra colindando con la reserva perteneciente a Pronatura, por lo cual está fuertemente conectada a la misma.

Entre tramo y tramo, el tipo de habitante e interacción con el entorno se iba modificando. Conforme bajábamos del cerro, el tipo de casas se iban tornando en construcciones con más infraestructura, mayor acceso a servicios públicos y los sistemas de producción iban modificándose a otros con mayor tecnología de por medio, como es el caso de los invernaderos.

Y así, fuimos descendiendo, hasta llegar a la “mancha urbana”, que en el caso de San Cristóbal de las Casas, también en este sentido, tiene muchas peculiaridades, ya que pese a ser considerada una ciudad, en innegable que al recorrer con la vista de extremo a extremo, hay muchas islas de vegetación distribuidas en todo el territorio. Sería un error inmenso el ignorar las zonas urbanas como parte de los corredores biológicos, porque es evidente la interrelación que existe en cada una de estas zonas y la influencia de unas hacia otras.



Y para cerrar el recorrido, nada como mirar desde el cerrito la ciudad, con toda su complejidad y completud, con toda su diversidad y con todos esos hilos invisibles que conectan a los elementos que la conforman, con las personas y zonas que pocos minutos antes vimos que han dado unas peculiares pinceladas al paisaje, cual artistas de la tierra.

El Encuentro


Al oriente de San Cristóbal de las Casas, camino al Parque el Encuentro, recorrimos un poco de lo que algunos llaman la Ruta de los Molinos, ya que brevemente visualizamos lo que de los siglos XVII a XIX fueron molinos de trigo, lo que nos sembró la duda con respecto a esa tendencia a la acumulación y conservación, así como de los conflictos de propiedad y manejo que puede haber no solo entorno a la naturaleza, sino también aplicado a las construcciones históricas.



Finalmente tras pasar el río fogótico de corriente crecida por las recientes lluvias, así como las rústicas represas que dirigen y controlan su cauce, llegamos a un desgastado portón de madera apenas cerrado con un alambre retorcido, en cuyo extremo, un par de tablas de madera portaban las leyendas: “Parque Encuentro, Bienvenidos, Santuario de árboles, aves y piedras” y “Acceso adultos $5.00, niños menores de 10 años $2.00, abierto de 10 a 18 H”.


Volteo a ver la hora y eran las 12:03 h. sin embargo, la barda estaba cerrada. Tras des torcer el alambre, me integré al trío de violadores de la ley que osábamos ingresar a propiedad privada sin permiso alguno, y sin que un alambre nos detuviera.


Fue breve el recorrido, solo pudimos llegar a la zona en la que se encontraban unas cabañas, un área desmontada como para acampar, y algunos juegos para niños, del estilo que se suelen poner en los parques públicos. Ahí, nos recibieron un par de perros que a ladridos buscaron espantar a los intrusos, es decir a nosotros, pero bastó el hablarles bonito para que movieran la cola y fueran más un guía que un guardián del territorio.

El parque, como bien lo decían algunos letreros en el camino de piedra hacia las cabañas, es propiedad privada, es un terreno de muchas hectáreas, en el cual, como estrategia de reforestación se han plantado especies exóticas y en el que para mantener su verdor, han llenado de pasto.

Esta zona ha sido destinada por un particular para su conservación, pero en la plática durante la intromisión que tuvimos, surge la pregunta, ¿en realidad el dueño quiere conservarla como una manera de preservar la naturaleza? O ¿Será en realidad es una estrategia para defender su territorio y que en cualquier momento, el mismo puede especular sobre el incremento del valor del terreno y venderlo al mejor postor, sin importar el uso que este pueda darle a la zona? ¿Es la privatización de las áreas naturales una estrategia efectiva? Solo el tiempo nos lo dirá, porque nadie, a parte del par de perros, salió a nuestro encuentro.

Desandamos nuestros pasos salimos por donde entramos y volvimos a torcer el alambre de alta seguridad que resguardaba, junto con los “fieros” perros, la seguridad del parque.
   
Los humedales


            Para finalizar el recorrido de la primera práctica de campo, nos dirigimos hacia la carretera panamericana, unos cuantos kilómetros antes de llegar al Colegio de la Frontera Sur. Ahí, llegamos a la zona de humedales, justo al lado del “Parque de los humedales” el cual como es clásico en este patrón de proyectos estatales de recreación y “conservación” destruyó un humedal natural para crear un humedal artificial, con el objetivo de preservar especies típicas de este tipo de ecosistemas de la región.


            Pero al lado de dicho parque, existe aún una zona de humedales naturales que son propiedad privada, los cuales están delimitados por un enrejado de alambre, justo al lado de una plancha de cemento en el que había varios camiones tipo pipas de agua y un taller de hojalatería y pintura.

            San Cristóbal tiene diversas zonas de humedales, es de las pocas ciudades del país que tienen dicho privilegio, pero ello también implica muchos conflictos de intereses. Analizando las problemáticas que giran en torno a dicho ecosistema, en caso de que estos sean propiedades, ¿cómo hacer que los dueños prefieran la preservación de dichas zonas por sobre sus intereses económicos personales? ¿Con qué derecho se le expropiaría a cualquier persona una propiedad para simplemente el beneficio de otros? Que si bien es un bien común, también es un bien privado.

            Por otro lado, el ubicarse al lado de una zona de extracción de arena, representa un gran riesgo para los mismos, ya que, de acuerdo a lo que nuestro guía, el profesor Vázquez,  nos comentó, por debajo de la carretera, puede haber derrumbes que acaben infiltrándose hasta cubrir y secarlos.


            Como podemos observar, no es fácil el encontrar soluciones, ya que detrás hay muchos intereses públicos y privados, pero mientras se decide, podría estar en un equilibrio precario la existencia de los humedales de esa parte de la ciudad.

Reserva ecológica La Kisst



            Yendo por la carretera Comitán de Domínguez, antes de cambiar de nombre a Juan Sabines, a unos cuantos pasos de la laguna de Chapultepec, se encuentra la reserva ecológica “la Kisst” conformada por humedales.

            A nuestra llegada, fuimos recibidos por el Ing. Mayorga, quién nos regaló una explicación e historia en torno a “la Kisst” y el proceso de cómo llega el agua a las casas de San Cristóbal de las casas. Fue un recorrido verbal curioso, ya que inició con una descripción en torno a políticas y leyes, corrupción y conflictos comunitarios y acabó explicándonos la cosmogonía que hace que diversas comunidades indígenas locales vean los manantiales como centros ceremoniales, así como mostrándonos mapas de la ciudad cuyas coordenadas de ubicación de sitios sagrados forma pentágonos que justifican el que sea visto como un centro de poder.


            En 1991 surge como organismo descentralizado el Departamento de ecología y conservación del Medio Ambiente al cual pertenece la SAPAM (Secretaría de Agua Potable y Alcantarillado Municipal). A partir de ahí, pasa por varios procesos de apropiación jurídica legal de los manantiales de la zona para que el agua de estos pueda beneficiar a la comunidad, es decir, se tornen en uso público.

            
           La Kisst pertenecía anteriormente a una familia, que ahí tenía una fábrica de refrescos. Con ellos se llegó a un acuerdo para poder adquirir la zona, les ofrecieron que por 20 años, la familia no pagaría ni agua, ni servicio de drenaje. Dicho plazo ya se cumplió, y actualmente, la SAPAM se ha amparado con el artículo 27 para no perder la reserva y del mismo modo, ha buscado llegar a acuerdos con los anteriores dueños.


           
           Con respecto al área destinada a la distribución de agua para el municipio, nos comentó que la SAPAM cuenta con 29 depósitos de agua para abastecer de agua a la ciudad. Del mismo modo, nos comentó que actualmente, lo máximo que pueden hacer para el saneamiento de las aguas es el clorarla. Por otro lado, también son los responsables del saneamiento de los ríos. Sin embargo Mayorga está consciente de que falta mucho para poder hacer llegar agua realmente potable a los hogares, así como para realmente reducir al máximo las descargas de deshechos que salen de la ciudad hacia  el túnel del sumidero de Santa Marta. El principal problema para que esto se pueda llevar a cabo es la falta de recursos. La Secretaría ha pasado por muchos momentos de crisis económicas en los que incluso la posibilidad de privatizarlo, a lo cual los usuarios se resistieron, ya que ello obligatoriamente generaría un incremento de precios.






            Otro dato alarmante que nos compartió Mayorga, fue que en el municipio, al igual que en la mayor parte del país, se desperdicia el 40%  del agua a causa de fugas. Y a eso, hay que sumarle el desperdicio que hace la gente.

            Después de asolearnos un poco en la entrada de la Kisst escuchando a Mayorga, este nos dio un recorrido por la reserva. Pasamos al lado de un río en el que pudimos ver carpas asiáticas, mismas a las que se les responsabiliza de comerse al Popoyote, especie de pez endémico de la zona.

            Del mismo modo, nos dio un recorrido por los diversos manantiales y ríos que comprende la Kisst, así como por las zonas en las que se encuentra la maquinaria necesaria que bombea el agua hasta nuestras casas y la de la mayoría de los habitantes de San Cristóbal.


             Casi para terminar, la charla se fue orientando hacia lo social. Existen actualmente varias asociaciones civiles enfocados a la defensa y conservación de la región como el Comité de Cuencas, Alianza Cívica, Pronatura y Cocosur, este último es el aliado más importante con el que cuentan, ya que es una organización de custodios sociales de base, conformado por comités de barrios que cuidan los cerros y los cuerpos de agua que en ellos se encuentran, lo integran más de 60 grupos comunitarios.

            Ese fue el primer paso para que de lo social la plática se dirigiera a lo espiritual. Dichos protectores o guardianes, detectan lugares sagrados, incluidos aquellos que tienen su núcleo en zonas arqueológicas y manantiales. En ese momento, Mayorga sacó sus planos de San Cristóbal y nos mostró la ubicación de dichos lugares sagrados y como estos tienen coordenadas astronómicas que al unir los puntos forman pentágonos intercalados y estrellas y pese a que esa parte de la conversación fue muy breve, nos dejó con el suspenso de que se pudiera profundizar más en dicha cosmogonía. Y ahí, al lado de las 3 cruces que señalaban uno de las coordenadas del mapa recién observado,  emprendimos el camino hacia la salida.

            
            Personalmente, aparte de las ganas de saber más sobre el último tema, me despertó la expectativa hacia mi próximo cumpleaños, el 3 de mayo del siguiente año, buscaré celebrarlo al lado de alguno de los grupos que en esa misma fecha recorren las diversas cruces que han ubicado en la ciudad.

Mercado Público Municipal "José Castillo Tielemans"


            Uno de los lugares que más disfruto desde que llegue a vivir a San Cristóbal, es el mercado público, porque, si bien, en la Ciudad de México me tocó que cada colonia tenía su mercado, el vivir tantos años en Monterrey, me hizo valorar lo perdido, ya que en dicha ciudad, son mínimos los mercados que hay, ya que se promueve más el consumo en grandes cadenas de supermercados, por lo que me tenía que dar a la labor de ir persiguiendo los mercados ambulantes, al punto de crear un directorio virtual con día, hora y ubicación de estos en el área metropolitana.

            Por ello, es un placer el tener tan cerca un mercado y más con las características del mercado público municipal “José Castillo Tielemans”.            


            He de admitir que ir con libreta y cámara en mano me resultó un poco impráctico y extra cotidiano, ya que no es algo que acostumbre hacer, y si bien, la fotografía es una práctica cotidiana en mi vida, el fotografiar gente no nunca ha sido mi principal interés, sobre todo porque no soy muy asidua a dejarme fotografiar y empatizo con las personas de cualquier lugar que no permiten que les tomen fotos. Por otro lado, la libreta en mano, me hizo sentir como si se me hubiera puesto una etiqueta de “estudiante de antropología” en la frente. Y curioso fue que hasta las “doñitas” que normalmente me atienden, cambiaron un tanto su trato hacia mí por portar esos elementos dentro de mi vestuario, como parte de un personaje que normalmente no porto.


            Pero bueno, cambiar el switch y adoptar otra postura o visión.       Lo principal era conocer un poco de las redes de comercio que ahí se generan entre los  productores, los intermediarios y los consumidores. Sobre esto, tras platicar con varias “doñitas”, pude descubrir que pocos de los que venden ahí son productores directos, la mayoría compran en Mercaltos, o esperan a ser los primeros que lleguen a abastecerse de los camiones de redilas casi al tiempo en que el sol empieza a salir. La mayoría de los intermediarios no supieron responderme el lugar de origen de los productos que vendían, pero algunos me confirmaron que no todo era de la región, incluso venía de otros estados. Por otro lado, en San Cristóbal existe una dinámica de acomodo en los mercados muy diferente, originalmente la costumbre es la venta en el suelo, directamente a la entrada de las construcciones de concreto, por eso el mercado del norte ha tenido tan poca aceptación por parte de los vendedores, porque en su mayoría son construcciones de concreto como en un mercado de ciudad y la gente aquí prefiere vender en construcciones hechizas de lámina y madera, los que tienen mayor presupuesto, o directamente en las banquetas a ras de suelo. Tras entender un tanto superficialmente dicha dinámica de comercio que se lleva a cabo en los mercados, me dejé llevar por otros sentidos, por la curiosidad y por la sorpresa.          
           
                 Como siempre, la vista es la que domina, y es imposible no vincularla con el estómago en un lugar así, y es la amplia gama de productos, no necesariamente de producción “orgánica” o “local”, pero eso no demerita el agradecer poder ver tantos colores de frijoles y de granos de maíz, la variedad de flores de ornato y comestibles como la flor de calabaza o la flor de frijol, lo apetitosas que resultan a la vista y al gusto las tortillas realmente de maíz y no de maseca que ofrecen las señoras a $10 la docena, las setas y los champiñones tan económicos, y si bien los hongos anaranjados de tallo largo se dieron poco porque “no han caído bien las lluvias”, tuve el privilegio de alcanzar a probarlos. Por otro lado, lo que en otros lugares representa un lujo como lo es el comer moras, zarzamoras y fresas, aquí uno se puede dar el gusto de hasta preparar mermeladas variadas con estas frutillas por $10 o $20.



            En otro sentido, siendo una aficionada de la herbolaria, el ir al mercado también ha ampliado mis opciones de “medicamentos naturales” y en otras ocasiones, con más tiempo y una cámara y libreta menos, dos señoras me han pasado recetas para la gripe o para la tos o incluso me han explicado para qué sirven frutas tan raras como el “noni” que es bueno para la diabetes y el cáncer.    
Admito que, por no ser carnívora, no me había dado la oportunidad de conocer la nave central del mercado, y que si bien fui con cierto recelo y con preparación psicológica previa, fueron pocas las imágenes impactantes que me tocó presenciar, y a cambio de ello, pude enterarme de que el 23 y 24 de septiembre habrá fiesta en el mercado porque es la fiesta de la virgen de la Merced, la patrona de los mercados. Por ello, varios de los puestos tenían velas y flores, porque iba a pasar el párroco a bendecirlos.

            En la misma nave descubrimos un nuevo puesto en el que venden café de productores comitecos a bajo costo, $20 el cuarto de kilo.

            Abriendo el círculo del recorrido, nos dirigimos a la zona en la que se encuentran a la venta las aves de corral, ahí el huevo de guajolote estaba a $6 y el de gallina de rancho a $4 cada uno, el doble que el huevo “San Marcos” pero con ¡ah que diferente saben! Y a pasos antes de salir del pasillo, un guajolote enorme con piel azulada me lanzó una mirada de auxilio que no pude atender.
            Caminamos un poco por los alrededores del mercado, en medio de un bombardeo de música estridente con ritmos tan variados que iban desde las rancheras, pasando por el reggaetón  y llegando a las canciones infantiles. El camino lleno de piratería casera y de productos “made in China”.


            Una larga cuadra después de esquivar carros, gente y puestos de “fayuca” por fin, llegamos a la calle de los puercos, había gente en la banqueta con alrededor de 20 puerquitos de no más de 3 meses de edad, todos agotados y dormidos hechos bola unos contra otros. Resulta que en este caso, los vendedores si son los que crían a los puercos en sus ranchos, “allá, a las afueras, lejos de aquí” nos dijo un niño que tenía una puerquita de 5 años, que esa servía para que creciera y tuviera otros puerquitos.

            El tiempo se acababa, nunca antes con tanta prisa había recorrido el mercado, pero sirvió de mucho, como para permitirme descubrir lugares nuevos dentro y a los alrededores del mercado. Nunca se termina uno de sorprender y nunca dejamos de aprender. Por lo pronto, a esperar el 23 y 24 para asistir a la fiesta de la patrona.