viernes, 10 de enero de 2014

Más allá del fashion de “la escuelita zapatista” (Parte I)

Tantisimas cosas que puedo decir de lo que fue para mí la experiencia de “la escuelita” y tantísimas maneras de plasmarlas han pasado por mi cabeza en estos días de cómo hacerlo. Pero el primer paso se está dando, el asimilar “LA EXPERIENCIA” así con mayúsculas y con todas sus letras…

Lo primero que aparece por mi mente son las cuestiones racionales, esas cosas que con la cabeza cuestioné y cuestiono, que cual trámite burocrático del proceso son necesarias y las plateo pa poder seguir al paso e irme con lo más trascendente, en lo que la razón no se separa del resto, sino que se fusiona con todo lo que de mí se involucró….

Creo que todos esos cuestionamientos giran en torno a las reglas del juego…

Si tanto se critica el turismo revolucionario, creo que la temporalidad de la escuelita genera una gran contradicción sobre este punto, ya que, en 5 días, que es el tiempo real en el que se da este primer nivel de la escuelita, no se puede ni mínimamente profundizar ni en lo político ni en lo personal, y pasa a ser una experiencia meramente turística. Si comprendo que hay miles de justificaciones de por qué dura tan poco y demás, y las entiendo, pero ello no deja de dar por resultado, a mi parecer, una temporada turística en una comunidad zapatista.

Por otro lado, se hizo mucho énfasis en que uno no se debía involucrar personalmente con la gente, que uno estaba ahí para desarrollar relaciones políticas y no personales con una familia que forma parte de una organización, pero esa regla del juego me resulta tan absurda, tan imposible, tan hasta superficializable de la experiencia. Lo personal es político, y somos una totalidad infragmentable… las familias, los guardianes, las comunidades y nosotros mismos (idealmente) nos abrimos de corazón a compartir, a vivirnos, a dejarnos traspasar y transformar, y para ello no se involucra únicamente lo político, sino todo el ser, física, mental, intelectual, emocional, política, cultural y sensorialmente… enfocarnos meramente a estar ahí con el filtro y limitación de la relación meramente política es imposible y criticable… Por ello la regla del juego de no dejarle tus datos a la familia ni nada de nada, si bien entiendo el por qué, dentro de la organización, y si es justificable, es a mi parecer, una regla imposible de cumplir…


Por parte de la mayoría de los que han escrito o publicado por algún medio algo sobre sus experiencias en la escuelita, tras pasar yo por ello, hay dos cosas que me resulta inevitable notar:
Algo que tuve muy claro desde el principio y de lo que estuve pendiente todo el tiempo, fue el reconocer honestamente en donde estoy parada yo, mi historia, mi actualidad, mi contexto y como leí de Gasché, el partir de ello y aceptarlo es un referente honesto y realista que nos ayuda a no caer en relaciones de poder… Poco he leído de las incomodidades, contrastes y sufrimientos que los alumnos pasaron en cada una de las comunidades. Como si las condiciones siempre hubiesen sido ideales y de lo más normales para todos, lo cual es falso. La mayoría íbamos de ciudades, de cierto entorno de “comodidad” y los compas viven de maneras totalmente diferente en muchos aspectos, y por momentos me
resulta tan falso y minimizante del esfuerzo de los compas el que normalicemos detalles tan cotidianos como el clima, el lugar en el que dormimos, los insectos, la distancia del  baño  de los cuartos, el tipo de baños, la comida, la dinámica de los horarios, el trabajo físico, las enfermedades, la dinámica en torno al bañarse, etc…
Si, de acuerdo, no había razón para clavarse en eso y si podemos adaptarnos un ratito (ahí aparece de nuevo lo del turismo revolucionario) pero ello no implica que no haya pasado.
Yo por ejemplo observándome honestamente en esos aspectos, admito que no encontré en mi actitudes colonizadoras ni ejecución alguna de ejercicio de poder jaja, y pensándolo bien, no lo identifico en general jajaja. Pero si admito que cosas como la incomodidad de tener a una persona a mi lado todo el tiempo siendo mi guardiana, de la distancia del baño del cuarto de dormir (estaba al final del terreno casi casi), del comer 4 y no 2 veces al día como acostumbro, de  los horarios de levantarse y dormirse distan mucho de lo acostumbrado, que el humo de la leña me encantaba salvo cuando me calaba en los ojos y garganta, el tener que matar, desplumar, desmembrar una gallina, siendo vegetariana si es un parteaguas… es el tipo de detalles que me hicieron verme, contrastarme y reconocerme honestamente en el punto en el cual estoy parada… y si, son cosas sobre las que tengo que trabajar y detalles cotidianos que admiro de la banda.


Otra cosa que sobre lo que he leído, oído y visto sobre lo que comparten los estudiantes de la escuelita, es que siento que estandarizan las experiencias, como si todos los guardianes, estudiantes, comunidades, familias y contextos culturales, físicos y temporales fueran iguales dentro de la escuelita… y no, nadie absolutamentente nadie vivió la experiencia de la escuelita de la misma manera en que lo hizo otro alumno, cada uno de nosotros tiene una historia, contexto, vida, personalidad y objetivos diferentes, somos diferentes esencialmente, al igual que cada guardián y cada familia e integrante de las mismas… y sin embargo leo tan similares la transmisión de las experiencias… cuando debería de haber un arcoíris, una variedad inmensa y riquísima de experiencias…

Pero bueno, quién soy yo pa andar diciendo cualquier cosa sobre como comparten o no el resto de los estudiantes… ¿Qué no?

(continuará…)










miércoles, 1 de enero de 2014

Se va… se va… se fue… aguas que ahí viene otro…


Por lo general, al cerrar un ciclo típico (es decir una vuelta al sol por cumpleaños o por cambio de calendario) la yo que era solía titular o pensar en “el recuento de los daños” y llegaba a esa fecha sintiéndome como una sobreviviente, con la sensación de sorpresa por haber llegado a dicha fecha (o como se dice, de haberla librado)…
Ahora como muchas cosas, eso ha cambiado… llego al final de año y al inicio del otro con la sensación de que esos 365 días los viví, plena, intensa y totalmente…
No puedo dejar de hacer referencia un tanto al pasado, pero en este punto, es como mero ejercicio comparativo y el ver hacia atrás, hace exactamente un calendario y verme, recordarme, pensarme a mí misma  y mis circunstancias, y ver como ayer terminó mi calendario y como inicio en otro, me da una intensa sensación de orgullo, esperanza y sorpresa…
Quisiera no ser repetitiva por momentos, pero de repente pienso que mis textos fueron tan repetitivos en el sentido opuesto, que no creo que un poco más de reiterar tenga nada de “malo”…
El año pasado, terminé el ciclo con miedo e inseguridad por los cambios que vendrían al mandar todo al diablo y empezar de cero, con incertidumbre por perder lo que tenía, aunque esto fuese caótico, doloroso, confuso y un marasmo bizarro. Llegué al final apesadumbrada, cansada, desesperanzada, triste, dolida, con las alas rotas, bloqueada emocionalmente hacia emociones “placenteras” o “buenas”.
Como casi siempre, estuve en casa de familiares con los que no tengo más que un vínculo sanguíneo, fugándome del momento, malhumorada y nefasteada, sintiéndome fuera de lugar… después, de regreso a casa, en el palomar, encendí una larguísima luz de bengala viendo hacia la ciudad, despidiéndome de ella con un agridulce sabor de boca…
Ayer, tras todo lo vivido y experimentado este año, cerré esa vuelta al sol sintiéndome feliz, en paz conmigo misma, satisfecha, orgullosa, tranquila, emocionada, con nuevas alas, con más magia que nunca, llena de esperanza (al estilo Bloch, de esa posible, que se vive día a día y no como un camino lejano e inalcanzable), infinitamente agradecida y con un nudo en la garganta, pero de felicidad que salió con varios gritos intensos desde el corazón…
El último día del año me desperté tarde, como hacía tiempo que no lo hacía, cociné algo rico y pasé la tarde viendo una película coreana titulada “náufrago en la luna”.
Después, dirigí mis pasos para encontrarme con una tambora que tocaba sobre la banqueta por la celebración del 20º aniversario de la aparición pública del EZLN afuera de la casa del Enlace Zapatista. Cierre y un poco de baile en la calle, para después ser invitados por los compas a brindar con sidra, ponche, unos buñuelos y seguir bailando un ratito a brinco y brinco.
Después, seguir el camino hasta ese lugar que se ha vuelto como mi segunda casa, para ahí, rodeada de extraños y extranjeros, pero también de la nueva familia, de los cercanos, de esas personas que a tan pocos días de haberse cruzado nuestros senderos, ya habitan mi corazón y mi mente entrañablemente, sentir morir el año viejo y ver nacer al nuevo…
Camino a casa, encontré un ramo de unas flores con olor exquisito, llegué a mi nuevo buker al amanecer y pese al cansancio y desvelo, vi la luz invadir totalmente el cielo del primer día de la nueva vuelta al sol, con una sonrisa por dentro y por fuera, como si la bengala este año fuera parte de mi…

Kolabal…